Destacada

Aquel primer viaje

Alistamos todas nuestras cosas para el viaje, aunque realmente quien lo hizo fue mamá, a mi me causó una preocupación tal, que lo único en lo que podía pensar era que algo saldría mal nada mas poner un pie fuera de casa, el miedo me inundaba, a mis hermanos parecía no afectarles de la misma manera, tanto que me molestaba, yo estaba en un estado de pánico total para mi corta edad.

Llegamos a la terminal de buses y entre el bullicio y los empujones de los viajeros, la oferta incesante de los empleados de las compañías, voceros anunciando los destinos, sonando casi casi como una amenaza, tanto que los pasajeros que esperaban ansiosos dentro del minibus los miraban de reojo incrédulos aunque esperanzados por una partida inmediata. Subimos y nos acomodamos rápidamente, nuestro destino era los Yungas de La Paz, para ser mas exactos Caranavi, lo llamaban el camino de la muerte, así que como podrán imaginar, mi temor inicial se elevo a una potencia inimaginable, no podía entender porque mamá había optado por casi lanzarnos a una muerte segura.

Adentro un grupo de niñas muy alegre contrastaba dramáticamente con mi ánimo, lograron entusiasmarme, incluso bromeaban con la angostura del camino, entre cánticos sobre Mambru y unas chicas de calcetines, cuya letra no recuerdo del todo bien, hicieron del viaje de ida una experiencia memorable. Despertamos con el canto de los gallos y empezamos a charlar, es una de las cosas que mas me gusta de viajar, el charlar en horas atípicas, ahí donde nuestra alma parece estar tan abierta y tan viva.

El lugar donde nos quedamos, un alojamiento con baño compartido, donde inevitablemente confluíamos todos los hospedados, me daba cierto temor por la cantidad de extraños que rondaban, pero mamá decía que todo estaría bien y dicho por ella no solo me daba la tranquilidad que necesitaba, si no que me llenaba de su amor materno.

El desayuno era un momento importante en mi ritual diario, salimos en busca de un lugar para compartir nuestro café de la mañana y nos encontramos con mas que eso, un desayuno yungueño no es solo un café con pan y mermelada como el que tomaba en casa, era prácticamente una comida, un plato con arroz, huevo, plátano frito, tomate y asado, café y por supuesto pan, quedamos hechos para caminar sin chistar.

Recorrimos la orilla del río rodeados por mariposas de todos los colores y por una cantidad inimaginable de vegetación, nos pusimos a la tarea de recolectar las hojas para el herbario del colegio, llegamos a una plantita muy particular ya que la tocamos y se recogió en si misma, llegado el atardecer había otra que de igual manera se dormía acurrucada y arropada, ambas nos negaban la oportunidad de llevarlas en la magnitud de su esplendor, así que desistimos de hacerlo.

La hora del anochecer traía consigo una escena que no se me olvida, las caseras alineadas con sus carretillas en lo que sería la avenida principal, las ollas abrigadas por telas hechas de talegas e intercaladas con papel periódico, cumplían perfectamente su cometido, ya que al destapar las ollas despedían el calor y el aroma, como una promesa de un buen platillo.

Viajar es vivir

La idea de escribir un blog no es nueva y ciertamente llego un poco tarde a ella, o al menos eso siento, tal vez es la edad, tal vez el temor de quedarme con tantos pensamientos y sentimientos, aunque al expulsarlos al rítmico son del teclado me parece que perdieran su magia, viajar es vivir, todos nos hemos topado con esta frase, con mas o menos palabras, la idea no es un secreto ni un descubrimiento, aunque para cada uno descubrirlo tiene un significado y un recorrido único que merece ser contado y compartido.

 

Aquel primer viaje… (cont.)

Sentados alrededor de la carretilla, cada uno con su plato, disfrutamos un delicioso ají de fideo, que se encuentra entre mis platillos favoritos desde entonces, en casa solíamos comer con llajua indistintamente de la edad del integrante de la familia, así que pese al asombro de la casera que nos atendía, todos nosotros incorporamos un poco de esa mezcla de tomate, locoto y quirquiña, una vez acabado el plato hasta casi dejarlo limpio, completamos el menú con un fresco de quisa, y a dormir!

Alguno de los amaneceres yungueños, inspiraron a mamá a buscar otro destino cercano a Caranavi, sin embargo me puse a la misión de disuadirla ya que era otra preocupación con la que no podía lidiar. Nuestra merienda matutina se alternaba con papayas prácticamente regaladas, cada uno con una papaya cortada por la mitad de un dulzor peculiar, mamá no dejaba de maravillarse con tal ganga, además de naranjas,  mandarinas, plátanos, cocos, en otras palabras estábamos en el paraíso de las frutas! lastimosamente de esto hace mas de 20 años… la abundancia frutal es solo un recuerdo, ahora la coca ha ocupado no solo el lugar de los árboles frutales, si no el interés de los nuevos habitantes de la región.

Luego de una semana volvimos a casa, sin cánticos ni ambiente entusiasta el camino de regreso removió mis temores iniciales, una fila interminable de camiones nos antecedía y el verlos serpentear por esas rutas angostas, ciertamente me agobiaba mas, cuando lograba distraerme con la vista de las montañas saturadas de vegetación, iniciaba una charla de los pasajeros recordando alguno de los accidentes en los cuales algún conocido o familiar había perdido la vida, una tortura sufrida por demás.

Este no ha sido el primer viaje de mi vida, ya que al ser mi madre profesora de provincia en el Altiplano paceño, me ha contado historias de ella conmigo en brazos pasando peripecias bañadas de fortuna y bendición, que en algun momento plasmaré acompañada en el relato por ella, pero este primer post del blog ha sido aquel primer viaje, aquel que recuerdo como si fuera ayer.